Esta poesía la escribí cuando murió el Padre Ignacio, un sacerdote muy santo que me bautizó. A pesar de no haber podido tratarlo mucho me dejó con su testimonio de Fe simple cosas que siempre me gustaría llevar en el corazón.
El agua bendita en la pila
refleja, celeste, la estrella.
La sangre plateada de luna
titila y late con ella.
Es premio de tanta locura
de amor, que deja su huella.
La muerte le ha dado la vida
la estrella le roba su ser,
y en simple y sencilla doctrina
nos deja un camino de Fe:
“hacer lo que esté a nuestro alcance,
dejándolo a Dios hacer”.
Estrella que canta en el cielo
que abrió mi camino hacia él,
de dejo en las pobres palabras
honor que mereces tener.
Estrella pequeña y callada
pero de luz siempre fiel.
La cruz en la vida llevaste
con fuerza y piedad natural
sembrando profunda doctrina
con surcos de simplicidad,
llegándole a toda la gente
dejando tus huellas de paz.
Inmóvil la estrella en el agua
Grandeza que da un sacramento:
Nací a la Fe por tus manos,
Ahora yo admiro tu ejemplo.
Creció en mi la flor que sembraste
Y espera tu encuentro en el cielo.
Estribillo.
Buenos Aires, mayo del 2004
